martes, 21 de diciembre de 2010
lunes, 13 de diciembre de 2010
Función de la educación y del saber
La educación es una de las claves de la evolución de la sociedad y de todos los aspectos --o casi-- de la calidad de vida. Ante todo consiste en el desarrollo de la curiosidad intelectual y hábitos de reflexión. Mejora la calidad de la vida y ayuda a los individuos a resolver problemas sociales y de medio ambiente de todo tipo; incluye la difusión de los valores, tanto en los programas de la enseñanza pública como en el aprendizaje de lo cotidiano.
En una economía globalizada en la que reina la tecnología, el saber es un poderoso factor de producción: es esencial para las naciones que quieren el crecimiento de su economía y para las personas que desean adquirir los conocimientos profesionales que necesitan para encontrar un empleo o para triunfar como trabajadores por cuenta propia.
Por otra parte, gracias a la educación, los individuos están en condiciones de participar activamente en el funcionamiento de la democracia y de hacer valer sus derechos civiles y políticos. En un mundo que se enfrenta a problemas y desafíos complejos y numerosos, la educación reviste una importancia creciente en el desarrollo de los conocimientos y de las actitudes necesarias para el análisis de los problemas y para la búsqueda de soluciones.
A menudo se asimila la educación con una fase determinada de la vida, que comienza alrededor de los 5 años y continúa en el escalón primario, luego en el secundario y a veces en el universitario, para terminar cuando comienza la vida profesional. Hay que abandonar esta concepción estrecha si se quiere sacar partido de todas las virtualidades de la educación para resolver los problemas económicos, sociales y medioambientales que se plantean.
En la mayoría de los países, la educación está lejos de realizar todo su potencial. En los países en desarrollo, se niega el derecho a una educación básica a 1.300 millones de niños y de adultos. El desafío principal al que hay que responder durante los dos próximos decenios es garantizar el derecho a la educación para todos los que no han podido ejercerlo todavía (incluidos los que han fracasado en los primeros años del proceso educativo). Eso implica una transformación profunda de los sistemas educativos y de sus métodos, que evolucionan rápidamente, a fin de adaptarlos a las necesidades de la sociedad, y a las posibilidades nuevas que ofrecen los progresos de la técnica.
Los regímenes educativos actuales siguen siempre el camino tradicional que con frecuencia no tiene en cuenta las condiciones propias de cada país. La educación es quizás el único sistema concebido por el hombre que sufre de semejante inercia y que sólo marginalmente ha sido afectado por las revoluciones de la tecnología y de la información.
La Comisión está convencida de que la enseñanza sólo podrá adquirir la flexibilidad que le permita responder mejor a las necesidades de la sociedad si apela con largueza a las nuevas tecnologías educativas. Mejorará su productividad, costará menos y progresará la eficacia interna y externa de todo el sistema escolar.
La inercia de un sistema educativo se explica habitualmente por ser un área ausente sobre todo en la mano de obra. Pero si las nuevas tecnologías educativas fueran integradas de manera apropiada, evolucionaría necesariamente el papel del profesor, lo que impone que los profesores sean formados de diferente manera.
La ruptura que existe entre las exigencias de la vida real y el aislamiento del sistema educativo reduce su potencial para educar a las personas capaces de responder a las necesidades económicas y sociales del mundo de mañana.
En una economía globalizada en la que reina la tecnología, el saber es un poderoso factor de producción: es esencial para las naciones que quieren el crecimiento de su economía y para las personas que desean adquirir los conocimientos profesionales que necesitan para encontrar un empleo o para triunfar como trabajadores por cuenta propia.
Por otra parte, gracias a la educación, los individuos están en condiciones de participar activamente en el funcionamiento de la democracia y de hacer valer sus derechos civiles y políticos. En un mundo que se enfrenta a problemas y desafíos complejos y numerosos, la educación reviste una importancia creciente en el desarrollo de los conocimientos y de las actitudes necesarias para el análisis de los problemas y para la búsqueda de soluciones.
A menudo se asimila la educación con una fase determinada de la vida, que comienza alrededor de los 5 años y continúa en el escalón primario, luego en el secundario y a veces en el universitario, para terminar cuando comienza la vida profesional. Hay que abandonar esta concepción estrecha si se quiere sacar partido de todas las virtualidades de la educación para resolver los problemas económicos, sociales y medioambientales que se plantean.
En la mayoría de los países, la educación está lejos de realizar todo su potencial. En los países en desarrollo, se niega el derecho a una educación básica a 1.300 millones de niños y de adultos. El desafío principal al que hay que responder durante los dos próximos decenios es garantizar el derecho a la educación para todos los que no han podido ejercerlo todavía (incluidos los que han fracasado en los primeros años del proceso educativo). Eso implica una transformación profunda de los sistemas educativos y de sus métodos, que evolucionan rápidamente, a fin de adaptarlos a las necesidades de la sociedad, y a las posibilidades nuevas que ofrecen los progresos de la técnica.
Los regímenes educativos actuales siguen siempre el camino tradicional que con frecuencia no tiene en cuenta las condiciones propias de cada país. La educación es quizás el único sistema concebido por el hombre que sufre de semejante inercia y que sólo marginalmente ha sido afectado por las revoluciones de la tecnología y de la información.
La Comisión está convencida de que la enseñanza sólo podrá adquirir la flexibilidad que le permita responder mejor a las necesidades de la sociedad si apela con largueza a las nuevas tecnologías educativas. Mejorará su productividad, costará menos y progresará la eficacia interna y externa de todo el sistema escolar.
La inercia de un sistema educativo se explica habitualmente por ser un área ausente sobre todo en la mano de obra. Pero si las nuevas tecnologías educativas fueran integradas de manera apropiada, evolucionaría necesariamente el papel del profesor, lo que impone que los profesores sean formados de diferente manera.
La ruptura que existe entre las exigencias de la vida real y el aislamiento del sistema educativo reduce su potencial para educar a las personas capaces de responder a las necesidades económicas y sociales del mundo de mañana.
domingo, 12 de diciembre de 2010
LA EDUCACION
BIENVENIDOS A TODOS: MI NOMBRE ES GEMA Y SOY ESTUDIANTE DE EDUCACIÓN SOCIAL.
DESDE AQUI QUIERO HACEROS LLEGAR MIS PENSAMIENTOS SOBRE LA EDUCACION DE LOS NIÑOS. PIENSO QUE DESDE EL PRIMER MOMENTO QUE EMPIEZAN A ENTENDER LAS COSAS SE DEBE EMPEZAR A ENSEÑAR, PARA CONSEGUIR UNA MEJORA EN NUESTRA SOCIEDAD.
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